Lance Armstrong: “Yo hubiese ganado igualmente estando limpio”





Lance Armstrong: “Yo hubiese ganado igualmente estando limpio”


Se empiezan a filtrar -antes de su estreno el próximo 24 de mayo- las primeras revelaciones hechas por Lance Armstrong para el documental que sobre él presentará ESPN.


Guste o no, con afines incondicionales y furibundos detractores, no se puede negar que Lance ha sido parte importante de la historia del ciclismo de manera integral: para bien algunas veces, pero también para mal. Nadie como él ha dejado en evidencia la hipocresía, manejos políticos oscuros, incoherencias, doble moral, inconsciencia, y cinismo tanto de la UCI, como buena parte de los más prestigiosos organizadores de carreras, demasiados corredores y un buen sector de la prensa y los mismos aficionados que suelen condenar (o defender) en función de si el ciclista cuestionado o sancionado es de sus filias, simpatías nacionalidad o no.


Un Armstrong ya caído en desgracia, sin ningún crédito, tratado como un apestado y denostado hasta la náusea, no debería servir para ensañarnos crucificándolo más, sino para entender por qué tanta gente dentro -y alrededor- del ciclismo pudo hacer la vista gorda durante tantos años no sólo con él; con el resto, más bien cómo pudieron permitir ese colosal despropósito masivo y fallar también.




¿Cómo pudieron callar y seguir defendiendo la integridad (indefendible) de unos (sus favoritos y compatriotas) y de otros no? Cuando era evidente que prácticamente todos estaban hasta el cuello de mierda. Su caso debería servir para mejorar este deporte. Él solo fue el mejor entre un pelotón mayoritariamente fraudulento. Su castigo es merecido, pero ¿y el de todos los demás?… la sanción para las autoridades incompetentes y cómplices, para ASO, la UCI, la prensa, los comentaristas deportivos acríticos que siempre se apuntan al caballo ganador y los ciegos aficionados nunca se llegó a dar: resultaron ilesos. Ahora muchos de ellos que le adoraban se regodean en su impoluta atalaya moral, tapándose la nariz al oír su nombre y condenándolo sin piedad: al caído caerle.


Su ascenso a la gloria teñido de ese halo de heroísmo tras superar el cáncer, lo hacía el modelo ejemplar que todo el mundo quería exhibir. Las grandes marcas se peleaban por ficharlo como reclamo publicitario. Su tiránico reinado, su brutal e inédita gesta de 7 Tours seguidos, su borrachera de éxito, su desaforada ambición; y por supuesto su predecible y brutal caída, más el posterior descenso a los infiernos, personifican de manera contundente, elocuente, lo mejor -a veces- y lo peor que tiene este deporte y la misma condición humana en general.




Por eso es importante escuchar lo que dice Lance que, aunque muchos no quieran reconocerlo, es un hombre arrepentido, pero que al igual que todos nosotros cuando fallamos, por más que quiera no puede cambiar el pasado para subvertir los yerros o excesos cometió.

Ya ha pagado muy caro su desmesurada ambición; sus hijos y padres ya saben que fue un fraude… ¿Algo peor que eso? y él no fue más que la punta del iceberg que se llevó todo el escarnio de una época especialmente podrida para la ética, honestidad y credibilidad de este deporte.


Hay una especial fijación en muchas personas (curiosamente suelen ser los más creyentes en religiones que se ufanan y hacen del perdón, de no tirar la primera piedra, de no juzgar ni condenar su bandera…) en seguirlo lapidando, en santiguarse o querer vomitar cuando ven su rostro. Supone uno que ellos jamás se habrán equivocado en su vida, ni lo van a hacer.