Como olvidar el gran equipo Hoyt padre e hijo con parálisis compitiendo juntos en carreras Ironman




Una historia que vale la pena recordar, el mundo del deporte siempre con esa particularidad de dejar huellas para inspiración de otros. Que mejor día, que el del padre para revivir esta maravillosa historia de motivación y superación.


A la edad de 12 años, Rick fue capaz de aprender a usar una computadora especial gracias a sus padres e ingenieros para así lograr comunicarse, usando movimientos de su cabeza. Las primeras palabras que él logró escribir fueron “¡Vamos Bruins!”. Fue entonces cuando la familia comprendió que era un gran apasionado de los deportes. Pero nadie podía imaginar lo que ocurriría después.


El Equipo Hoyt son un padre (Dick Hoyt, nacido el 1 de Junio del 1940) e hijo (Rick Hoyt, nacido el 10 de Enero del 1962) en Massachusetts que competían juntos en maratones, triatlones y otros desafíos físicos. Rick tiene una discapacidad adquirida al momento de nacer por falta de oxígeno a su cerebro ya que su cordón umbilical se enredó alrededor de su cuello lo que le originó una parálisis cerebral.



Dick lo lleva en una silla especial acoplada al frente de su bicicleta, lo arrastra en un bote especial cuando ellos nadan y lo empuja en una silla de ruedas adaptada cuando ellos corren.

La voluntad y el amor con el que su padre realiza cada competencia empujando a su hijo para que su pasión por el deporte sea vivida al máximo y en primera fila, es simplemente la demostración de entrega más maravillosa y motivante.


Durante más de 35 años, Dick ha empujado y tirado de su hijo por todo el país, pasando sobre cientos líneas de meta. Cuando Dick corre, Rick va en una silla de ruedas que Dick va empujando. Cuando Dick va en bicicleta, Rick están en un asiento especial sujeto al frente de la misma. Cuando Dick nada, Rick está en una pequeña balsa que es empujada por Dick.


A los cinco años, Rick tuvo dos hermanos menores, y los Hoyt estaban convencidos de que Rick era tan inteligente como sus hermanos. Dick recuerda su lucha para hacer que las autoridades de la escuela local lo entendieran: “Como no podía hablar, pensaron que no sería capaz de entender, pero eso no era cierto”. Estos padres dedicados le enseñaron a Rick el alfabeto. “Siempre quisimos incluir a Rick en todo, por eso quisimos que vaya a la escuela pública”.


Un grupo de ingenieros de la universidad de Tufts hicieron una curiosa prueba para determinar las habilidades de comprensión de Rick: “Le contaron un chiste, y Rick se moría de la risa”. ¡Sólo entonces ellos entendieron que podía comunicarse!.


Los ingenieros entonces iniciaron la construcción de un ordenador interactivo que le permitiría a Rick escribir sus pensamientos usando los ligeros movimientos de su cabeza que podía dominar. Un cursor se movía por una pantalla llena de filas de letras, y cuando el cursor alumbraba la letra que Rick quería, el apretaba un switch con la parte lateral de su cabeza.


Cuando trajeron la computadora por primera vez a casa, Rick sorprendió a su familia con su primera “palabra hablada”. Ellos esperaban un “Hola Papá” u “Hola mamá”, pero Rick escribió “¡Vamos Bruins!” Los Boston Bruins estaban en las finales de la Copa Stanley esa temporada, y la familia se dio cuenta de que él había estado siguiendo los juegos de hockey al igual que el resto. “Así aprendimos que a Rick le gustaban los deportes”, cuenta Dick.


En 1975, Rick fue finalmente admitido en una escuela pública. Dos años después, le dijo a su padre que quería participar en una carrera benéfica de 5 millas para un jugador de lacross local que se había quedado paralítico por un accidente. Dick, quien definitivamente no era un corredor de distancias, aceptó empujar a Rick en su silla de ruedas y lo lograron. Esa noche, Dick recuerda: “Rick nos dijo que no se había sentido como una persona con discapacidad mientras competía”.


Este descubrimiento de Rick se transformó en un nuevo horizonte abierto para él y su familia, y así el “Equipo Hoyt” empezó a competir en más y más eventos. Rick me habló sobre el proceso de transformación utilizando su ya familiar, pero dolorosa, técnica de seleccionar letras del alfabeto.


“Lo que quiero decir cuando digo que no me siento discapacitado cuando compito. Soy como cualquier otro atleta, y creo que muchos otros atletas se sienten de la misma manera. Al inicio nadie me hablaba. Sin embargo, después de unas cuantas carreras, algunos atletas se me acercaban y empezaban a hablarme. Durante los primeros días, un corredor, Pete Wisnewski, hacía una apuesta conmigo en cada carrera sobre quien de los dos ganaría. El perdedor colgaría el número del ganador en su cuarto hasta la siguiente carrera.



Ahora muchos atletas se me acercan antes de las carreras o triatlones para desearme suerte”

Es difícil imaginar la resistencia que encontraron los Hoyt al inicio, pero la actitud cambió cuando entraron a la Maratón de Boston en 1981.


“Nadie quería a Rick en una carrera. Todos nos miraban, nadie nos hablaba, nadie quería tener nada que ver con nosotros. Pero no los culpaba, la gente normalmente no está educada, y nunca habían visto nadie como nosotros. Sin embargo, con el paso del tiempo, se dieron cuenta de que era una persona como cualquier otra. Además, él tiene un gran sentido del humor.”


Después de 4 años de maratones, el equipo Hoyt intentó su primer triatlón, por lo que Dick tuvo que aprender a nadar. “Me hundí como piedra al inicio”, recuerda Dick sonriendo, “y no me había subido a una bicicleta desde que tenía 6 años.” Los Hoyt llegaron segundos – en la competición que se llevó a cabo el día del Padre en 1985. “Ese fue mi regalo de Día del Padre de Rick”, dice Dick

Desde esos días continúan compitiendo, en casa y en el extranjero. Generalmente tratan de mejorar sus tiempos de llegada. “Rick es el que me inspira y motiva por la manera en que ama competir y los deportes”.


Rick contesta diciendo: “Mi padre es mi modelo a seguir. Una vez que se decide a hacer algo, hace lo posible por lograrlo, no importa que sea. Por ejemplo, cuando decidimos participar en un triatlón, papá entrenó, hasta 5 horas al día, 5 veces a la semana, incluso cuando estaba trabajando”.


Claro que no todos los obstáculos han desaparecido para los Hoyt. A Dick aún le “molesta” cuando la gente se incomoda porque Rick no puede controlar completamente su lengua cuando come. “En los restaurantes, mayormente la gente mayor, se retiran cuando ven la comida de Rick salir por su boca, o se cambian de mesa. Pero debo decir que ese tipo de intolerancia está siendo vencida gradualmente”.



Otros logros de Dick, además de los deportivos, incluyen su ingreso a la Universidad de Boston, de donde se graduó en 1993 con un grado en educación especial. A eso le siguió, unas semanas después, el ingreso a otra maratón en Boston. “El día de día de la maratón de Boston, en el camino había gente con letreros que decían:


¡Felicidades por tu graduación!”

Dick obtuvo algo más de todo esto también. Hace 2 años sufrió un ataque al corazón, no muy severo, durante una carrera. Los médicos encontraron que una de sus arterias estaba 95% obstruida. “Si no hubieras estado en tan excelente forma,” le dijo uno de los Médicos que lo atendía, “probablemente hubieras muerto hace 15 años.” Entonces, de alguna manera, Dick y Rick se salvaron uno al otro.


Rick, quien tiene su propio apartamento y trabaja en Boston. Dick, retirado,  vive en Holland, Massachusetts. Siempre encuentran la manera de encontrarse y estar juntos. Dan charlas y conferencias por todo el país y compiten en una que otra carrera los fines de semana, incluyendo por supuesto, cada día del padre.


Cuando los límites no existe... el corazón persiste en sus sueños y el amor es el mejor impulso para alcanzarlos.

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